Archivo de julio de 2010
La singularidad está cerca
Ray Kurzweil anuncia la llegada de la singularidad en TED (subtítulos en español)
Cada año, los ordenadores son el doble de potentes, y la mitad de grandes. Cada vez menor tamaño, mayor capacidad, hasta que un día lleguen los ordenadores moleculares, creados con nanotecnología, y un ordenador tenga el tamaño de una célula. Entonces podrá comunicarse con nuestro cerebro, aumentar nuestro entendimiento, alargar la vida, modificar el cuerpo a voluntad, e incluso, prescindir de un soporte físico.
Esto es la singularidad. Ciencia ficción, por el momento. Sin embargo, los ordenadores que hace 30 años ocupaban un edificio ahora están en el bolsillo, y son millones de veces más potentes. La evolución de la tecnología es exponencial, no lineal. Grandes cambios se producen en muy poco tiempo.
Ray Kurzweil, ingeniero e inventor, llega años prediciendo este futuro arrastrado por la fuerza imparable de la tecnología. Hasta ahora, ha acertado, y su Singularity University está dedicada a estudiar y fomentar la llegada de la singularidad, con la ayuda del dinero de Google.
Lo malo de las curvas exponenciales es que se disparan hacia el infinito en un abrir y cerrar de ojos. Nuestros hijos podrían llegar a ser tan avanzados que serían irreconocibles como humanos, e imposible comunicarse con ellos. Sin embargo, Kurzweil olvida mencionar la otra fuerza, lineal, pero muy poderosa que puede frenar cualquier avance: la estupidez humana.
Utiliza la Fuerza, y olvídate del ratón
Tan Le demuestra que la mente es poderosa, en TED
Piensa “abrir” y la puerta se abre. Piensa “subir” y la persiana eléctrica empieza a enrollarse. Piensa “adelante” y te lanzas hacha en ristre contra un zombi que salta hacia ti en el videojuego. Nada de joystick, ni ratón ni botones, la mente es el mando. La empresa Emotiv Systems, dirigida por Tan Le, ha desarrollado un casco que mide la actividad cerebral y permite controlar un ordenador con los pensamientos y expresiones faciales del usuario.
Los pensamientos (y también los sentimientos, por si alguien lo duda) son corrientes eléctricas que viajan entre los cien mil millones de neuronas del cerebro, y se pueden medir, aunque de una forma muy burda. La electroencefalografía (EEG) es una técnica conocida desde hace casi 100 años: se pegan unos electrodos al cráneo y se mide la actividad eléctrica. Gracias a ella sabemos que hay fases del sueño, y que el cerebro produce ondas diferentes cuando estamos activos y cuando estamos relajados.
El problema es que no hay dos cerebros iguales, y los impulsos cambian de una persona a otra. Con los sensores de Emotiv y un programa de control se puede calibrar el casco para responder a un cerebro concreto. El sensor permite mover objetos en pantalla, e incluso controlar una silla de ruedas. Si consiguen que se puedan cambiar los canales con la mente, las familias se van a divertir mucho delante de la televisión.
Si quieres salvar el planeta, escucha al hereje Brand
Stewart Brand, el hereje, en TED (subtítulos en español)
Stewart Brand es, entre otras cosas, un conservacionista empeñado en salvar el planeta. Su propuesta, hacer lo contrario de lo que predican los verdes.
“Somos como los dioses, así que más vale que lo hagamos bien”. Mucho antes de que las personas pudieran tener Internet, Stewart Brand les proporcionaba cantidades ingentes de información interesante en la que pensar. Fundador en 1968 de The Whole Earth Catalog, una revista mítica con la que creció toda una generación de geeks, es una persona dedicada a construir el futuro. También literalmente: está en marcha su proyecto The Clock of The Long Now, un reloj mecánico que durará 10.000 años.
Cuando semejante personaje dice que las megaciudades no son monstruos que destruyen el medio ambiente, sino la única oportunidad de conservarlo, que la energía nuclear es limpia e imprescindible si queremos impedir el calentamiento global, que estamos obligados moralmente a usar cultivos modificados genéticamente, y que tarde o temprano empezaremos a practicar la geoingeniería para modificar el clima, al menos hay que prestar atención, y pensar.
Aprender a comer para sobrevivir
Jamie Oliver quiere que todos aprendan a comer en TED (subtítulos en español)
La obesidad mata más personas que el hambre. No se trata solo de unos kilos de más, sino de la diabetes, enfermedades cardíacas, hipertensión y otras muchas dolencias causadas por el sobrepeso y la obesidad. Nuestra especie puede terminar como los gordos sedentarios de la película Wall-E si no se enseña a los niños y niñas a comer. Aunque antes habría que empezar por enseñar a los padres, claro. Esto mismo propone el conocido cocinero de la televisión británica Jamie Oliver, que ganó el premio TED de este año con su conferencia sobre la comida.
La campaña de Oliver tiene lugar en sitios como Virginia del Oeste, una de las zonas más gordas de EEUU y una pesadilla alimentaria. Padres que no saben cocinar. Ciudades donde es muy complicado comprar productos frescos. Menús escolares con toneladas de azúcar. “Siempre quise lo mejor para mis hijos, pero los estoy matando” dice entre lágrimas la madre obesa de unos niños obesos. “Sí, los estás matando” responde Jamie Oliver. La verdad duele, pero hay que decirla más a menudo.
Japón en 20 segundos
Japón, retrato en 20 diapositivas de 20 segundos en Pecha-Kucha Barcelona
Con dogma y prejuicio. Así habla Hiroshi Tsunoda de su país natal, porque en realidad, no hay otra forma. Este diseñador japonés afincado en Barcelona cuenta con gran sentido del humor las cosas que echa de menos, como las golosinas, y retrata los contrastes de la vida en ambos lados del mundo. El metro en hora punta de Barcelona le parece despejado. Las máquinas expendedoras japonesas venden de todo: desde refrescos hasta ropa. Internet allí funciona a toda velocidad por fibra óptica, y a la mitad de precio que aquí. Por cierto, ¡el café soluble lo inventó un japonés!
Alimentar al genio, o mandarlo a paseo
Elizabeth Gilbert y su genio en TED (subtítulos en español)
Elizabeth Gilbert es escritora, y lleva mal la fama. La gente espera que su próximo trabajo sea mejor que el anterior. Una presión insoportable. Una perspectiva aterradora: decepcionar. No es para menos, porque su novela “Eat, Prey, Love” (Comer, rezar, amar) ha vendido millones de ejemplares, y las cosas solo pueden desmadrarse cuando se estrene la película en septiembre, con Julia Roberts y Javier Bardem.
Quizá debería resignarse, como hacen el resto de las mentes creativas, y sufrir. Quizá aliviar su sufrimiento con un par de copas. O más bien ponerse el mundo por montera y escribir, y que el mundo diga lo que quiera. Pero Gilbert no hace nada de eso, sino que se inventa un teatro interior en el que el genio no es una cualidad, sino un espíritu. Un duendecillo que, según como tenga el día, nos ayuda con ideas sublimes, o se pone el huelga. Otra costumbre del genio es traer las mejores ideas en el momento más inoportuno.
La salida de Elizabeth Gilbert no es muy valiente, pero es genial.
Expectativas, decisiones y tonterías
Dan Gilbert explica las tonterías que hacemos, en TED (subtítulos en español)
La fórmula para tomar siempre la decisión correcta fue revelada a la humanidad en 1738 por el matemático Bernoulli. Y no ha servido para nada, porque, básicamente, somos estúpidos. Con estos pensamientos nos regala Dan Gilbert, profesor de Psicología de Harvard enganchado al estudio de la felicidad y el comportamiento humano.
Dicho de forma simple, la fórmula de Bernoulli multiplicando las probabilidades de que algo salga bien por lo que ganamos si sale bien. El problema es que los seres humanos son muy malos calculando probabilidades. Por eso juegan a la lotería, llamada “impuesto sobre la estupidez” porque es más probable que nos caiga un meteorito en la cabeza que ganar el premio gordo. Gilbert pone decenas de ejemplos, divertidos algunos, algo plomizos otros, pero llega a una importante conclusión. Somos malos estimando probabilidades futuras porque cuando éramos primates en la selva, no lo necesitábamos. Nuestras prioridades eran comer y aparearnos, lo antes posible. Pero desde hace miles de años, sí lo necesitamos. Más vale empezar a hacer los deberes.
Qué hacer con un billón de horas
Clay Shirky, social media terrorist, en TED (subtítulos en español)
La humanidad en su conjunto tiene un billón de horas de tiempo libre al año. Ya las tenía antes, desde que la revolución industrial y la migración a las ciudades terminaron con las jornadas de sol a sol. Pero como dice Clay Shirky, autor de “Aquí viene todo el mundo“, la mayoría de ellas se utilizaban viendo la televisión, porque no había otra cosa.
Entonces llegó Internet, y los teléfonos móviles. La combinación de tiempo libre y tecnología es lo que Shirky llama el “superávit cognitivo”. El tiempo y la capacidad de participar añadiendo información a la red. Que puede ser estúpida, como los Lolcats, o de incalculable valor, como el proyecto Ushahidi que permite recopilar información mediante Internet o teléfonos móviles sobre situaciones de emergencia, y que se empleó durante la violencia étnica en Kenia en 2008 o el reciente terremoto de Haiti.
La diferencia más importante no está entre colaborar con una foto de un gato o con la posición de un derrumbamiento, sino entre colaborar o no hacer nada. La forma que tome la sociedad que viene depende de esa decisión.
Un mundo más allá de los contables
Conley mide cómo la felicidad genera riqueza, en TED (subtítulos en español)
Chip Conley se da cuenta, como otras muchas personas, de que el mundo lo dirigen los contables. Los políticos y directores de las grandes empresas buscan maximizar el beneficio, todo lo demás es accesorio. Mucho más aún en estos tiempos de crisis. Pero Conley ya pasó una crisis, el estallido de la burbuja puntcom, que afectó mucho a su sector, el hotelero. Sin embargo, en lugar de perder dinero, su negocio creció. Para conseguirlo, empezó a contar esas cosas que no suelen entrar en los balances.
El PIB de un país, o la cuenta de resultados de una empresa, pasan por alto factores intangibles que afectan, y mucho, a los beneficios monetarios. La satisfacción de los empleados. La salud de los ciudadanos. Las horas ahorradas por el trabajo bien hecho. El afán de superación de las personas. Son valores intangibles difíciles de medir, pero no por ello imposibles de medir. Ahí están las necesidades más elevadas de las personas, y curiosamente, las que más las pueden motivar. Conley lo aprendió de una limpiadora y del rey de Bhután. También lo cuenta en sus libros.