Veneno en los cosméticos, ¿o no?

Annie Leonard falla el tiro (en The Story of Stuff, y en YouTube con subtítulos)

Plomo en los pintalabios. Cancerígenos en el champú. Methylisothiazolinona. Lauriléter sulfato de sodio. Solo con leer estas aterradoras palabras en la etiqueta del bote de suavizante para el pelo, la conclusión es inmediata: los cosméticos nos envenenan lentamente. Solo que esta vez, las conclusiones son precipitadas.

Annie Leonard es una magnífica divulgadora, y da en el clavo cuando nos previene sobre la inutilidad del agua embotellada o la excesiva fabricación de productos. Sin embargo, eso no justifica provocar el pánico de forma gratuita. La regulación de los cosméticos en EEUU es menos restrictiva que en Europa, cierto. Pero aún así las sustancias potencialmente tóxicas están controladas por la FDA (Food and Drug Administration).

Luego están las palabras terroríficas. La methylisothiazolinona es un desinfectante. El  lauriléter sulfato de sodio hace espuma. En cantidades elevadas, son irritantes. En las cantidades en las que están presentes en los cosméticos, regulados por la ley, no suponen un riesgo.

El plomo está presente en el suelo, en el aire y en el agua en pequeñas cantidades, que aún así son mucho mayores que las que se encuentran en cualquier pintalabios de EEUU. En Europa, los pintalabios no pueden contener plomo. Para colmo de males, hay varios correos en cadena que fomentan este bulo.

El cuerpo de Annie Leonard puede estar lleno de metales pesados y contaminantes orgánicos, pero eso no significa que su champú sea el culpable. Vivimos en ciudades en las que los automóviles expulsan concentraciones mucho mayores de sustancias tóxicas al aire. El plomo que debe preocuparnos está en la pintura vieja de una casa (las pinturas nuevas no contienen plomo) o en la carne de caza. Los cancerígenos más peligrosos están en el tabaco, y seguramente habrá quien use champú orgánico por miedo a la contaminación, y después se fume un pitillito. Los casos de la terrible contaminación por dioxinas se deben sobre todo a la industria y sus vertidos, no por usar gel de afeitar.

Esto no quiere decir que haya que bajar la guardia. Cuanto menor sea la concentración de tóxicos en nuestro entorno, y claro está, en nuestros cosméticos, más sanos viviremos. Pero empecemos por donde realmente importa.


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